A los 13 años conocí a K. Fue mi instructora de vela durante un verano y descubrí que en el agua era otra persona: subía al velero como si hubiera nacido ahí. Cuando ese verano se acabó me tuve que ir a miles de kilómetros y la distancia empezó a pesarnos. Un día ella lo decidió: “hay que inventar un río”. Un río imaginario que fuera de mi cama a la suya.
Cada noche cerrábamos los ojos, navegábamos en velero y nos encontrábamos a la mitad del camino. Al día siguiente nos contábamos por internet lo que había pasado en el río. Así se construyó nuestra relación.
Años después escribí con Julio Ramírez, de Reik, una canción sobre K y ese río, en unas sesiones para un disco de Reik en el que al final no entró. Cambió mucho hasta convertirse en Anémona: una metáfora de K y un lugar al que se puede volver cuando todo está mal. Como diría Cortázar, con la certeza de que existen ríos metafísicos.
Contada por Emilio Lezama