Tenía una novia en Ecuador y todo listo para irme a vivir con ella. Había conseguido trabajo allá sin decirle nada; quería que fuera sorpresa. Una semana y media antes de mudarme me llamó: no veía que yo quisiera formalizar, había conocido a alguien más y se había enamorado. Yo ya tenía contrato, no podía echarme para atrás. Lo primero que hice fue sacar la guitarra, y salió Aldeida. Siendo escritor, me habían faltado palabras para decirle que iba para allá.
El nombre viene de un libro de estrellas que me regaló mi papá cuando era niño. Al final traía una lista de nombres, y uno se me quedó para siempre: Aldeida. Años después encontré el libro en casa de mis papás, busqué la lista y no estaba. Esa estrella nunca existió; me la había inventado. Para entonces ya era tarde: la canción existía, y ampara a todos los desolados de la noche.
Contada por Emilio Lezama