La escribí en el Valle de Guadalupe tomándome un rosado de Natalia y Juan Badán que se llama así, Arrebol, mientras veía un atardecer del mismo color sobre el campo. Por alguna razón me imaginé unos soldados regresando de la guerra, pinté esa imagen en mi cabeza y de ahí salió la canción.
Es de mis favoritas de LEZ, aunque nunca fue sencillo. Muy nostálgica; me recuerda a Francesco De Gregori, a quien admiro mucho. Quizá una de las más bellas que he escrito, en su sutileza, y una que casi nadie escuchó.
Contada por Emilio Lezama