Fue un capricho mío. Un día me nació la melodía y no pude dejar de cantarla. Me imaginé en París, donde había vivido unos años antes, en el departamento de un amigo en la Rue Mandar, una calle chiquita e icónica. Y me imaginé una historia de amor parecida a alguna que quizá viví en Francia, muy joven: hedonismo, pasión, un amor suave, ligero y efímero.
Insistí mucho en que fuera el sencillo después de Ilusionista. Veníamos de tres sencillos que habían sonado en radio y se habían movido en Spotify, Aldeida, Daniela e Ilusionista, y Volver había salido casi sin promoción. Yo estaba convencido de que Noches de Amor era el siguiente éxito, aunque a Sandoval no le parecía ni gran idea ni gran canción. Después de la pandemia la atención había cambiado y muy poca gente la escuchó. A mí me sigue encantando: es de lo más interesante y esotérico que escribimos.
Contada por Emilio Lezama