Sandoval y yo llevábamos años diciendo que queríamos algo entre The Killers, The Cure y Fobia, pero esa noche no buscábamos eso. Estábamos jameando por Zoom una idea mía en 3/4 cuando a Sandoval se le ocurrió el riff. De ahí sacamos un coro y luego unos versos. Cuando colgamos ya estábamos en 4/4 y los dos teníamos la misma imagen en la cabeza: ese riff tenía que sonar en sintetizadores bien ochenteros.
Sandoval me pidió la letra y me topé con un bloqueo más fuerte que una cruda del Alebrije a principios de siglo. Le mandé lo que pude; dos días después me dijo que ya había escrito la suya. De mi intento solo sobrevivió “una vez más”. Luego desapareció una semana y volvió con la maqueta terminada. Hacía mucho que no lo veía tan clavado en una rola, y esa canción nos sacó del bache: a partir de ahí retomamos el disco con otra energía. Sin darnos cuenta, habíamos escrito la canción que queríamos desde hacía años.
Habla de una relación tóxica y, como muchas canciones de Sandoval, puede ser una persona o una sustancia. Es el tío ochentero de Si te vas. Cuando oí la maqueta la sentí áspera y se lo dije. “En esta canción no voy a ceder nada”, me contestó. Tenía razón: su identidad tan marcada es lo que la hace poderosa.
Contada por Emilio Lezama